Siempre he mantenido que viajar es el mejor antídoto contra el racismo y la xenofobia. En general, mantener la mente abierta a las diferentes costumbres te hace ser más tolerante y proporciona una magnífica apertura para enjuiciar o valorar cuestiones domésticas. Y viene al caso del debate sobre el velo islámico que una docena de ayuntamientos catalanes han impulsado en el día de hoy (14 de junio de 2010). En efecto, una moción conjunta del PSC y CiU en Tarragona pretende prohibir el uso de los velos integrales islámicos en instalaciones públicas. La iniciativa goza del apoyo del PP, mientras que Girona votará una moción del PP para prohibir las prendas en espacios públicos. Otras administraciones de Cataluña: Ayuntamientos, Diputaciones y Consells Comarcals van a debatir en las próximas semanas si es o no conveniente vetar el velo integral. Aducen que la Ley de Extranjería rechaza las costumbres que atentan contra los valores y forma de vivir en España, por lo que el Gobierno ya dispone de herramientas para empezar a regularlo. ¿Nos corresponde entrometernos en las costumbres de otras culturas y religiones? Porque una cosa es que una mujer sea obligada por un hombre a llevar prendas que cubran su pelo o su rostro contra su voluntad, o por sometimiento, y otra muy distinta es que, eligiendo libremente esa opción, no pueda hacerlo. Todos somos “libres” de mostrarnos como nos apetece, por razones estéticas o de identificarnos con una forma de ser o sentir. Y, en este último caso: ¿Qué pasará con las monjas católicas o con otras confesiones de “nuestra tierra”? ¿Y con las novias que acudan al juzgado con un velo? ¿Ese vale y el otro no? Es evidente que, en la política de lo “formalmente correcto” se nos están escapando muchas cosas a favor de una corriente feminista que procura que los valores occidentales sean los únicos válidos cuando hay tantos modelos como culturas sobre este planeta azul, cada vez más castigado por el racismo y la xenofobia.