Los 32 rumbos - revista on line de viajes


Buenos Aires a ritmo de tango

La capital argentina es más que un lugar de paso

El aire huele a madera, los sonidos que se escapan de las casas tienen ritmo de tango. Gardel parece escondido entre las esquinas mientras paseas por alguno de los barrios, desde Los más modernos a los más tradicionales y carismáticos. Buenos Aires espera con sus brazos abiertos que tomemos caminito para perdernos en sus entrañas.

Texto: Patricia Hervías Fotos: Josep Guijarro

Estamos en la magnífica ciudad de Buenos Aires. Una de esas metrópolis en las que el tiempo se mueve según tus pasos, quiero decir que si te apetece retrotraerte a tiempos pasados, sentado en cualquier café, cerraremos los ojos y escucharemos como Gardel acaricia las rasgadas letras de un tango. Pero si deseamos estar en la ciudad de la vanguardia, del futuro, en un paso los grandes edificios futurísticos situados junto al gran río de la Plata (aunque sus aguas posean el color marrón) se alzan prepotentes enormes moles de cemento y cristal.
La capital argentina es, también, la ciudad del fútbol, los asados y el psicoanálisis. Vive con fuerza en sus calles atestadas de pequeños bares y cafés, que nos hacen recordar un paseo por alguna de nuestras grandes ciudades. Y es que Buenos Aires tiene algo de Madrid, algo de París, algo de Londres...
Las amplias avenidas, se convierten en arterias gigantes que deciden el ritmo trepidante de una capital que ha sabido reinventarse a sí misma, en menos tiempo de lo que todos imaginábamos, después de que un gran varapalo económico dejara en la ruina más escandalosa a casi todos sus habitantes.
Con la fortuna de haber podido ver el Gran Buenos Aires desde el cielo, antes de aterrizar en el aeropuerto internacional de Ezeiza, me intento hacer a la idea de que casi dieciséis millones de personas viven con el sentimiento de que cada día, es un día mejor. Y allí estoy yo, intentando abarcar parte de su cultura entre sus vías atestadas de gente con ganas de vivir.

De compras
Cada uno de los barrios de Buenos Aires, hay nada menos que 48, tiene algo de especial. Quizás San Telmo, por ser el primer asentamiento de la capital, es el que más historia tiene en sus calles. Allí se dan cita la cultura plebeya, la de la elite, la blanca y la negra, la criolla, clases medias, anticuarios, artistas contemporáneos, en pequeñas tiendas y grandes escaparates. Todas ellas con un aire añejo que se convierte en una experiencia urbana diferente. Resulta imprescindible caminar un domingo por la Plaza Dorrego. Allí se instala un animado mercadillo en el que puedes encontrar prácticamente de todo.
El barrio recibe su nombre de San Pedro Telmo, un fraile dominico que vivió en España en el siglo XIII y que fue venerado por los hombres del mar. De hecho, sus reliquias reposan en el interior de la iglesia que vemos en el número 340 de Humberto I. El templo, según me explicó un guía de la empresa Eternautas, que nos invita a un recorrido singular por la capital buonarense, es conocido como La Residencia, que es el nombre que tomaban los complejos jesuíticos. También en San Telmo pude encontrar lugares típicos que te incitan a curiosear desde una simple esquina. Me refiero, por ejemplo, a la confluencia entre Independencia y Balcarce donde se ubica el famosísimo El Viejo Almacen, parada obligada para los amantes del tango. Este local, de más de dos siglos de existencia, ofrece cena y espectáculo, donde nos aseguran, contagiarán las ganas de unirnos a un baile sin fin…
Pero, si eres de los que el shopping te vuelve loco, el barrio de Palermo es como poner un caramelo a un niño: una tentación. Las calles de este barrio, sinónimo de las carreras del hipódromo y de torneos de polo, fue llamado así por su primigenia inmigración siciliana y hoy día ofrece un extenso abanico de posibilidades; Desde moda y restaurantes, hasta lugares muy humildes que se mezclan con la llamada Palermo Hollywood, donde personajes conocidos de la farándula argentina recorren sus calles en busca de diversión y música. En medio de importantes residencias de principios del siglo XX, lo más guapo de la ciudad se da cita en sus bares, en Palermo Soho, imitando lo mejor de la cosmopolita ciudad de Nueva York. Despampanantes mujeres, música de lo mejor y sobre todo, diversión.

Fútbol y color
Aunque claro, quién vaya a Buenos Aires y no visite el barrio de La Boca, puede perderse parte de la historia más viva de Argentina. Allí radica el mítico estadio del club Boca Juniors, donde Maradona ganó tanto y regaló tan buenos momentos a los aficionados. El estadio se erige imponente entre las pequeñas casas, o eso es lo que a mí me parece al ver aquella mole a la entrada de ese carismático barrio bonaerense. El taxi paró justo frente a la esquina que inmortaliza la imagen más típica.
Inmigrantes genoveses, cerca del puerto, fueron los que masivamente se instalaron en la zona y dotaron a las viviendas del característico colorido que aun sobrevive en sus fachadas de chapa de metal acanalado, alzadas en pilares por las subidas de agua que registraban años atrás. Las pinturas empleadas eran, en realidad, las sobras que traían los marineros a puerto. Su calle más conocida, Caminito, si bien está sobreexplotada turísticamente, no puede dejarse atrás. Un consejo: adéntrate un poco más en las calles colindantes, tomar un café en algún sitio y disfruta.

No llores por mi…
Hablar de Argentina y no nombrar a Eva Perón es un sacrilegio gigante. Es visita obligada ir hasta la Casa Rosada, en la histórica plaza de Mayo. Es fácil dejarse llevar por la imaginación y recordar esas imágenes en las que ella salía al balcón a saludar a su pueblo. Impresionan todavía las pintadas que en el suelo de la plaza dejaron las madres de mayo. Pero, lo más destacado, dentro del exclusivo barrio de Recoleta, es el cementerio donde reposan los huesos de Eva Perón. Curiosamente, su su modesto panteón está rodeada por el de sus enemigos políticos. Una ironía.
El cementerio de la Recoleta se ha convertido en un atractivo turístico más. Si bien su acceso es gratuíto, recomendamos las visitas guiadas. De esta forma, este lugar lleno de mausoleos y esculturas suntuarias, donde descansan los cuerpos sin vida de los grandes próceres de la patria, cobran sentido. También sus leyendas que apasionan a cientos de visitantes diarios que se pierden por sus callejuelas. Y si espectacular es el camposanto, también merecen un recorrido las calles del barrio que lo acoje, donde las tiendas más exclusivas se encuentran expuestas a los ojos de propios y curiosos.

Rica gastronomía
Siguiendo los consejos de un amigo puse rumbo al 2602 de la calle Beruti. Allí radica uno de los mejores restaurantes de Buenos Aires regentado por Emilio Garip: Oviedo. Se anuncia como restaurante español aunque, en realidad, su gastronomía es mediterránea con un toque moderno. De ello se encarga el chef Martín Rebaudino que trabaja con pescados y corderos de primera calidad. Me cuentan que, periodicamente, se puede disfrutar de alguna de sus jornadas gastronómicas en las que chefs y entendidos de todo el mundo se reúnen para comentar vinos (tienen una magnífica selección) y platos. (ver foto de la página anterior).
Buenos Aires es sinónimo de tango. Por esa razón, en mi último día en la capital me escapé hasta uno de los barrios más modernos y en plena fase de expansión: Puerto Madero. Su ubicación cercana a la zona céntrica de la ciudad, su extensión y las vistas que posee del Río de la Plata hacen de este barrio uno de los más exclusivos de Buenos Aires. Un lugar lleno de restaurantes y locales, donde lo trendy y lo clásico se une en una vorágine que hace que los pelos se pongan de punta. Allí se erige el exclusivo Faena Hotel que acoge uno de los shows de tango más llamativos de toda la ciudad. Recibe el nombre de Rojo Tango y pude disfrutarlo en primera fila, casi dentro del escenario. Cuando los primeros acordes del tango comienzan a sonar, mi copa de espumante, una silla y Rojo Tango me hacen escapar a través de una historia de pasión, odio y amor apasionado. Así es como Buenos Aires se vive, apasionadamente.

Publicado en nuestra edición número 1 de octubre 2009


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