Los 32 rumbos - revista on line de viajes


Stròmboli, el gigante negro

Aventura en el volcán

El volcán Stròmboli se erige desafiante desde el fondo del mar. De sus tres cráteres activos salieron los personajes de Julio Verne en Viaje al Centro de la Tierra. Y fue aquí, donde se consolidó el amor entre Ingrid Bergman y Roberto Rosellini. Viajamos a Italia para explorar las entrañas del gigante negro

Texto: Josep Guijarro Fotos: Josep Guijarro

Stròmboli es una pequeña isla del Mar Tirreno que alberga uno de los volcanes más activos de Italia. Se enmarca en un pequeño archipiélago de islas volcánicas, las Eolias, situadas al noroeste de Sicilia. Para acceder hasta este paraíso terrenal tomé un barco en el puerto de Milazzo, el llamado aliscafo, que en aproximadamente hora y media me situó frente al gigante negro. En el puerto de Scari aguardaban más de media docena de motorettas que hacían de taxis para los turistas. A bordo de una de ellas, recorrí la playa de Ficogrande hasta el Sirenetta park Hotel, mi cuartel general durante los días que permanecí en la isla. Se trata de un establecimiento de arquitectura eoliana, situado en primera línea de mar, muy cerca de la Tartana, un local muy “ibicenco” donde se da cita la gente más in para charlar, bailar o tomarse un vino, un cocktail o, simplemente, escuchar música chill out frente al Strombolicchio, un islote de origen volcánico coronado por un faro. Una pasada.

Visita en barco
Al día siguiente tendría oportunidad de contemplar más de cerca este islote escarpado, hábitat de numerosas gaviotas que tiñen de blanco sus rocas con su guano y frecuentado por los aficionados al submarinismo dada la espectacularidad de sus fondos marinos. Para visitarlo, alquilé una pequeña embarcación y, de paso, rodear la isla. Quería tener una visión de conjunto del volcán. El Stròmboli se eleva 924 metros sobre el nivel del mar pero, en realidad, su altitud sobre el piso oceánico es de 2.000 metros. En su cumbre hay tres cráteres activos pero lo que llamaba ahora mi atención era la llamada Sciara del Fuoco ("Río de fuego"), una característica geológica formada por una gran depresión en forma de herradura que se generó en los últimos 13.000 años debido a varios colapsos en la cara noroeste del cono y por la que descienden hasta el mar los bloques de lava y fuego después de cada explosión. Por la noche, numerosas embarcaciones ponen el ancla en este punto para contemplar las llamaradas que el gigante negro sigue ofreciéndonos regularmente.

Un mini puerto
Con prudencia me encaminé hasta ginostra, que aseguran, es el puerto natural más pequeño del mundo. Tiene capacidad para una única embarcación y se halla en la parte sur occidental de Stròmboli. En este bello lugar de cristalinas aguas viven 27 personas y 7 burros. No hay luz eléctrica, agua corriente ni vehículos. Sólo paz y unas vistas espectaculares.
Aquí, a principios de 2003, varias rocas expedidas por el volcán dañaron las casas situadas en los extremos del pueblo como si de verdaderas bombas se tratara.
Tras conversar con una poeta local, entusiasta de Barcelona, encaminé mis pasos hacia el norte, navegando frente a la referida Sciara del Fuoco donde, por primera vez, tendría oportunidad de ver las explosiones del gigante negro. Una espesa humareda se hizo visible y, sobrecogido, empecé a disparar mi cámara. Entonces todavía no podía imaginar lo que el volcán me reservaba.
Puse rumbo a Ficogrande. Para ello tuve que pasar frente al puerto de Piscità donde se erigen las residencias más llamativas y grandes de la isla. La mayoría están encaladas de blanco y lucen llamativos porticones azules, guardando cierta uniformidad. Tiene cierto aire a Grecia o a Santorini. Es en esta zona donde se dan cita las gentes más adineradas así como renombrados diseñadores como Dolce & Gabbana o Vulgari.

Tierra de inspiración
Y es que Stròmboli tiene una aureola mágica que atrae tanto a los más fashion como al mochilero ávido de experiencias. Hay lugar para todos porque ésta es una tierra de inspiración. Lo fue para el cineasta Roberto Rossellini que vivió junto a Ingrid Bergman una bonita historia de amor en 1949. La casa donde vivieron todavía sigue en pie y está disponible para los mitómanos que estén dispuestos a pagar su alto alquiler. luce una placa que evoca al rodaje de Stromboli, tierra de Dios, una película donde la estrella de Hollywood encarna a una emigrada lituana de posguerra llamada Karin que atraviesa a solas la cima de un volcán para –tras despojarse de todas sus pertenencias– terminar vislumbrando la posible presencia de un orden superior.
La vivienda se halla muy cerca de la Iglesia de San Vicenzo, originaria de 1615 y remodelada un siglo más tarde. Es el centro neurálgico de la isla donde se concentran las empresas de trekking para ascender al volcán, turistas llegados de todas partes (también numerosos españoles) y se puede disfrutar de unas espectaculares vistas de la playa de Ficogrande y el omnipresente Strombolicchio. Dicen que en días despejados se puede ver, incluso, la costa de Calabria.
Desciendo a la playa por la vía Roma, una estrecha calle, abigarrada de establecimientos que comunica con el puerto de Scari. Las distancias son cortas aunque siempre hallarás una moto-taxi dispuesta a facilitarte los desplazamientos.
Es hora de cenar. Me recomiendan L'Osservatorio, una pizzería situada a 30 minutos del pueblo desde la que puedes observar cuando el volcán se agita. Y hacen pagar las vistas (o la dificultad de llevar materias primas hasta este recóndito enclave) porque la "broma" puede costarte 30 eurazos del ala.

Viaje al centro de la Tierra
Al día siguiente me esperaban un par de platos fuertes. El primero sobrevolar el volcán y el segundo subir al cráter.
Para ver el Stròmboli desde el aire hay que desplazarse a la vecina isla de Panarea, la más pequeña del archipiélago.
Hasta la década de los sesenta agonizaba falta de electricidad y agua potable pero, entonces, un grupo de burgueses de Milán compraron numerosas casas abandonadas a precio de saldo y la convirtieron en un lugar de moda, algo snob, que atrae a gente adinerada de todo el mundo.
Allí montaría en el helicóptero de Air Panarea para sobrevolar el volcán. Una experiencia cara pero muy estimulante. Por 120 euros por persona (el pasaje es de 6) rodeas desde el aire la isla durante 20 minutos. Si el tiempo y la visibilidad lo permiten puedes, además, disfrutar de una privilegiada vista del cráter.
Por la tarde tendría lugar el plato fuerte. La ascensión al volcán que te permite contemplar sus tres bocas eruptivas situadas a 200 metros por debajo de la cima, al anochecer. El reocrrido no es un paseo dominical, especialmente en el último tramo donde la fina escoria volcánica hace que se retrocedan dos pasos por cada uno que se avanza.
Provisto de botas, casco y linterna (que son obligatorios) y con la inestimable ayuda de un cayao y dos litros de agua, acometí las más de tres horas de recorrido... sin rechistar. Recomiendo, además, llevar alguna prenda adicional para cambiarse, pues terminas muy sudado y algo de abrigo para combatir el frío una vez en la cumbre. Y es que los estallidos centelleantes con que el volcán me recibió compensan cualquier esfuerzo. La subida finaliza a 364 m sobre el nivel del mar. el cráter, un inmenso embudo que expulsa constantes fumarolas y del que emanan vapores de azufre entre 100 y 200ºC.
La visita es segura. El guía me explicó que sólo hay dos estallidos piroplásticos al año y, la última erupción violenta se produjo en 1930. La última erupción tuvo lugar a principios de 2007 y, desde entonces, está en permanente vigilancia.
Las explosiones de fuego y lava se repiten rítmicamente cada 20 minutos, y como prólogo a cada erupción se oye un potente rugido que te mueve las entrañas. El suelo tiembla y finalmente surgen los fogonazos.
Por ley no se puede permanecer más de una hora en el cráter pues la inhalación del anhídrido sulfúrico de las emisiones volcánicas supone un riesgo para nuestros pulmones.
El descenso también resultó divertido. A oscuras, con la única luz de la linterna, te deslizas por las cenizas del volcán durante algo más de una hora. Una aventura que hay que vivir y que explica porqué Julio Verne situó en este volcán el final de su Viaje al Centro de la Tierra.

Publicado en nuestra edición número 2 de noviembre 2009


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