Los 32 rumbos - revista on line de viajes


El misterio de los mudras

Las ruinas de Copán desvelan sus secretos

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el partque arqueológico de Copán, en Honduras, es una impresionante muestra de la gradiosidad de la civilización maya. La visita a este antiguo centro ceremonial mesoamericano, deja en el viajero la sensación de estar entrando en un mundo tan hermoso como misterioso.

Texto: Josep Guijarro Fotos: Josep Guijarro

Una intensa lluvia azotaba las ruinas de Copán. La cola de la tormenta tropical Alma me había perseguido durante las seis largas horas de viaje que separan San Pedro Sula de la llamada “Atenas Maya”, en Honduras, y me obligó a refugiarme en el interior del Museo de las Esculturas. Ahora creo que no fue por casualidad. Atravesé el largo túnel que conduce al interior del recinto y me sobrecogí al descubrir al otro lado una reproducción, a tamaño real, del templo de Rosalila, un edificio de 14 metros de alto, ricamente decorado y pintado en colores rojo, verde y amarillo que fue descubierto en 1989 en medio de la selva, bajo otras construcciones mayas. Frente a él, también calado por el agua, me esperaba Antonio Ríos Aguilar, uno de los más expertos guías del complejo arqueológico que trabaja codo con codo con los historiadores que tratan de desvelar en la actualidad los secretos de esta ciudad maya. Juntos recorrimos los pasillos del museo observando el famoso Altar Q así como algunas de las más famosas estelas Copán, entre ella la del rey 18-Conejo. Fue entonces cuando reparé en algo sorprendente. Los rasgos del famoso rey maya eran ¡orientales! Diría más, chinos. Pero, ¿podían los chinos haber viajado a América antes que Colón y dejado su impronta en esas latitudes?

Intercambios culturales
En la segunda planta del museo hallaría alguna que otra clave que reforzaría mi intuición. Varias figuras esculpidas en los frisos de los edificios copanecos mostraban a los reyes con unas extrañas posiciones en las manos.
-¡Parecen mudras! –exclamé.
-En efecto –me explica Antonio- los mayas practicaban la meditación y muchas de las estelas que verás a continuación muestran posiciones de las manos en esa actitud.
Los mudras son sencillos gestos corporales, empleados generalmente en el Hatha-Yoga, pero, también, en otros tipos de meditación, que tienen por objeto canalizar adecuadamente la energía a través de nuestro cuerpo. Aunque su origen no está claro, las primeras referencias escritas a estos gestos se hallan en el contexto budista. Eran empleados en ceremonias secretas dentro de los ritos del Budismo Tántrico Tibetano, el Budismo Chino, conocido como Chen-Yen y el Budismo Japonés. En este caso, los mudras, junto a los mandalas, los mantras y las asanas, se utilizaban para que los Tres Misterios (espíritu, habla y cuerpo) que servían para armonizar y ayudar a conseguir la iluminación.
Y lo que tenía ante mis ojos era un auténtico desafío. ¿Cómo era posible que los antiguos mayas conocieran y practicaran técnicas meditativas propias de otras latitudes? ¿Alguien fijado su atención en estas similitudes?
En efecto, el especialista Shao Pang-Hua constató como muchos frescos y frisos mesoamericanos reproducían muy a menudo posiciones yóguicas estándar. La posición del loto o padmasana, por ejemplo, ha sido hallada con frecuencia, y también el lalitasana o postura relajada y llena de gracia, así como mudras (gestos) en manos y pies. Eso sólo podía evidenciar una cosa; que los mayas establecieron algún tipo de contacto con viajeros de otros continentes antes del descubrimiento de América. Eso sostiene, entre otros, Alice B. Kehoe, del Departamento de Antropología de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee en un trabajo titulado The Fringe of American Archaeology: Transoceanic and Transcontinental Contacts in Prehistoric America. Kehoe advierte de las semejanzas culturales, juegos, tecnologías e, incluso, entre las pirámides escalonadas mayas y estructuras similares del Sudeste Asiático, sobre todo de Camboya. La pirámide de los nichos, en Tajín, estado de Veracruz, en México, es sorprendentemente similar a los templos camboyanos y lo mismo ocurre al comparar Teotihuacan, también en el país azteca, con el Palacio Imperial de Beijing.

Energías esotéricas
Pese a todo, la ortodoxia científica parece querer ignorar las evidencias mencionadas. No así los grupos esotéricos que se arremolinan en las cercanías de las ruinas buscando la esencia de la espiritualidad maya. Lo pude constatar al día siguiente durante una visita a la Hacienda San Lucas, un enclave situado en las montañas del tranquilo Valle de Copán, convertido en refugio familiar desde hace más de un siglo y que disfruta de unas privilegiadas vistas de las ruinas mayas. El establecimiento está regentado por la educadora hondureña Flavia Elisa Cueva. Esta mujer pasó más de tres décadas en Kentucky y, a los 57 años regresó a su país natal para restaurar esta hacienda familiar. Durante la cena, Flavia me confesaría estar muy contenta de formar parte del “Despertar del futuro”. Posee en la hacienda un espacio de meditación con vistas a las ruinas donde realiza lo que denomina Talleres de Diosas.
“Esta reunión de mujeres está diseñada para transmutar las energías y rezar con el Fuego Sagrado”. En ella, se llevan a cabo ritos de purificación mayas mediante el Temascal y se entra en estados de profundos de meditación a través de la respiración y la danza.
Flavia está convencida que en diciembre en 2004 “se abrió lo que creo es una nueva puerta espiritual a todos aquellos que desean abrazar el espíritu de cariño del Universo a través de los mayas”.
Durante sus frecuentes ausencias, Flavia deposita su confianza en Argui, una arqueóloga bilbaína que, desde hace años, vive se ha afincada en Honduras. “Este lugar –me explica- está construido sobre piedra arqueológica. Es una oportunidad única estar aquí. Si Tikal –continua explicando- es impresionante por su pirámide y por lo colosal de sus templos, Copán es más artística, tiene contenido, dispone de glifos y estelas únicas”.

El misterio de los glifos
Y no le falta razón a esta arqueóloga. Copán no tiene templos altos pero sus glifos evocan materias a las que nuestro entendimiento no puede alcanzar. A lo largo de una escalera de 27 metros de largo por 10 de ancho, se extiende una verdadera biblioteca en piedra cuyos secretos aún están por desvelar.
Nadie la entiende, nadie la puede leer: cada piedra tiene su glifo y todos son como células de un organismo extraño que parece haber vivido cosas que pocos en el mundo actual ni siquiera sospechamos.
La cultura maya fue la única prehispánica que inventó un perfeccionado sistema de escritura que, por más que sus jeroglíficos se nos antojen hoy grandes y farragosos, representan un idioma que nada tenía de primitivo.
Al final de la escalera, protegida hoy con lonas para preservarla de las inclemencias meteorológicas, un gran monolito apunta hacia el cielo y registra un eclipse solar. Al parecer, este eclipse pertenece a un ciclo de 25.920 años que no es el actual pues, del nuestro sólo han transcurrido unos seis mil años…
A medida que los especialistas empezaron a descifrar los secretos de estos jeroglíficos se ha ido constatando como los mayas disponían de un calendario astronómico capaz de predecir eclipses solares y lunares así como los movimientos de Venus y Júpiter. La precisión de estos calendarios es asombrosa por lo que se deduce que los astrónomos debieron de ser muy importantes en la civilización maya. Hasta hace poco, los arqueólogos creían Copán era una suerte de centro ceremonial donde sólo vivían los sacerdotes y que los complicados jeroglíficos que ahora tenía ante mis ojos no eran otra cosa que predicciones astronómicas y las figuras humanas representaciones de dioses. En las últimas décadas, sin embargo, se han descifrado, también, importantes sucesos históricos y, sobre todo, hazañas de los reyes cuyo retrato permanece labrado en las estelas.
Antes de visitarlas permanezco en la base de la escalera unos minutos más, tratando de dibujar en mi cuaderno algunos de los grabados que llaman mi atención. Un campesino que se halla sentado en las raíces de una Ceiba (el árbol sagrado de los mayas) me explica que son piedras para los iniciados, para los adeptos del silencio. Miro a mi guía con una sonrisa, queriendo entender. Y él, con tremenda humildad, me confiesa ser rosacruz y que muchos estudiosos de las escuelas de misterios se acercan hasta Copán, ávidos de descubrir sus secretos.

Las estelas
La lluvia parece habernos dado una tregua y un certero rayo de Sol ilumina ahora la Gran plaza, una explanada con hierba en cuyo centro hay una pirámide y varias altas estelas. La mayoría de los jeroglíficos y esculturas de las estelas y altares hace referencia a 18-Conejo, una de las figuras más importantes de Copán. Antonio, con su sombrero de palma calado en la testa me señala con un cayado rematado con una pluma, los dibujos e inscripciones de las piedras, rozándolos mientras me alecciona a lo largo del recorrido.
-“Esta es una réplica del altar Q- sentencia.
Sabía que el arqueólogo Herbert Joseph Spinden consideraba que esta piedra cuadrangular representaba a una reunión de astrónomos mayas. Permanecí a la escucha.
-“En él podemos apreciar cuatro figuras. Entre los mayas siempre se afirmaba la existencia de los cuatro: el Incognoscible Adhi-Budha y las tres fuerzas de la creación, o sea, la trinidad dentro de la unidad de vida. Es decir, este altar muestra claramente el TE-TRA-GRAM-MA-TON”
En griego el Tetragrammaton es el nombre de Dios compuesto de cuatro letras: yod, hé, vau, hé. Curiosamente, la civilización maya ha sido tildada de “teocracia”, un sistema en que el gobierno es ejercido por ciertos individuos que sostienen tener una comunicación directa con Dios. ¿Estaría Antonio en lo cierto o se trataba de retórica esotérica? En cualquier caso estaba ávido de conocer más.
Examiné meticulosamente las cuatro caras, con las cuatro figuras en cada una de ellas.
“Son los 16 gobernantes del mundo maya –me espeta Antonio. Su fundador mitológico, Yax Kuk Mo, está esculpido pasándole el cetro del poder al último gobernante”.
El altar Q fue esculpido en el año 776 para celebrar la ascensión al trono de Yax-Pac. Estaba situado frente a la pirámide 16 que contenía intacto su en interior el ya mencionado templo de Rosalila. Era una costumbre maya destruir o desfigurar los templos o estelas obsoletos y construir sobre ellos pero los antiguos mayas decidieron preservar a Rosalila. Fue enterrado con sumo cuidado y con ceremonial incluido. Sus cuartos, molduras y nichos se rellenaron con lodo y piedras, mientras que sus paneles trabajados en estuco fueron cubiertos mediante una gruesa capa de mortero blanco para proteger la pintura original. ¿Por qué tanto trabajo? La respuesta la hallaría poco después gracias a la extensa red de túneles que los arqueólogos cavaron bajo el sitio y que, en gran parte, permanecen cerrados al público. Yo tuve la fortuna de poder penetrar en ellos.

En el interior de Copán
Descendí por una empinada cuesta hasta dar de bruces con lo que, a la luz de mi linterna, parecía un ser monstruoso. Era la representación de una serpiente emplumada de cuyas fauces salía un pequeño medallón con el rostro de perfil del Dios Sol o Kinich Yax Kuk Mo. Éste, como ver en el Altar Q era el fundador dinástico y de la ciudad que, según la leyenda, llegó a Copán desde otra ciudad de Mesoamérica.
Hasta no hace mucho los arqueólogos creían que la historia de Yax Kuk Mo era sólo un mito. Pero el hallazgo de Rosalila, en junio de 1989, y los estudios de un equipo multinacional de arqueólogos, liderado por Robert J. Sharer, que excavó el túnel donde ahora me hallaba, bajo del complejo real, en el núcleo de la acrópolis, dio con los jeroglíficos y las tumbas que se remontan al periodo en el cual gobernó Yax Kuk Mo. El análisis de sus restos demostró que no era originario de Copán, sino de Tikal, confirmando lo que la leyenda aseguraba.
Ahora sabía porqué los mayas preservaron Rosalila y la razón de que en su interior fueran hallados tantos artefactos rituales. El descubridor del templo, Ricardo Agurcia halló siete incensarios de barro con carbón todavía en su interior. Dos estaban sobre pedestales de jaguar esculpidos en piedra. También halló ofrendas de cuchillos de pedernal (para sacrificios), nueve elaborados cetros ceremoniales, joyería tallada en jade, conchas de mar, espinas de manta raya (probablemente para perforarse la piel, vértebras de tiburón, uñas de jaguar y restos de pétalos de flores y de agujas de pino.
Lo confieso, salí impresionado de la entrada al inframundo de los mayas, con la angustiosa sensación de que aun quedaba mucho por investigar. Las 120 hectáreas son sólo un pequeño porcentaje de la ciudad que permanece enterrada en gran medida. No había tenido ocasión de incursionar en los misterios del calendario maya, en Copán se halla el reloj más antiguo de América. Me refiero a la llamada estela “D” que data del año 733. Es un tipo de reloj antiguo que funciona en base al movimiento de las estrellas y marca los seis movimientos del sol durante el año. No sólo eso. El 30 de abril de cada año, la sombra del sol se traslada desde una esquina de la plaza a las escalinatas realizando un recorrido que, al plasmarse en el suelo, se asemeja a una serpiente.
Al final del día la sombra se posa sobre la escalinata “D” recorriéndola hasta llegar a sus pies siempre en forma de serpiente, señalando un evento astronómico de gran importancia para los Mayas. Copán también dispone de “piedras equinocciales” que según el escritor Daniel Medvedov otorgan –mediante la predecisión de los astros- una antigüedad a la ciudad muy superior a la admitida por la arqueología y, nada sabemos a ciencia cierta por qué se abandonó este enclave. Con todo, en mi mente permanecían a fuego los mudras, los rasgos antropomórficos y las semejanzas culturales e incluso lingüísticas (ver recuadro) que presentaban los mayas con los asiáticos.
¿Quiénes fueron esos antiguos hombres que se pasaban los días mirando las estrellas? Sus caras, sus manos, sus números y sus posturas lo dicen todo ¿o no?.
habla en América Central proviene de Mesopotamia. De este, el 35% se origina de la lengua sumeria, el 25% de la acadia y el 15% de la itita. Otros estudios le llevaron a sostener la teoría de que los nagas bajaron del Asia Central, llegaron a Mesopotamia y luego vinieron a América; en su paso por Mesopotamia incorporaron a su idioma las palabras que aprendieron en ese lugar.
El doctor Erosa indica que los mayas se fueron de América en el año 1.200 y regresaron a la India, donde hasta hoy viven y se les conoce con el nombre de nagas-mayas

Publicado en nuestra edición número 3 de febrero 2010


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