Los 32 rumbos - revista on line de viajes


Croacia

El imperio de las sonrisas

Castillos con historias épicas, calles de adoquines que invitan al paseo, pueblos barrocos que se llenan de música, pinturas y escuelas familiares que son conocidos por todo el mundo, parques llenos de flores de colores y gente caminando con una sonrisa en los labios mientras el sol bańa los atardeceres.

Texto: Patricia Hervías Fotos: Josep Guijarro

Atrás quedaba la modernidad de una capital a la moda. Zagreb se iba haciendo cada vez más pequeña, para caminar hacia nuevos destinos llenos de tradición, de vida y poseedores de rincones naturales de belleza incalculable que nos harían conocer las peculiaridades de una desconocida Croacia Continental.
Y es que, si bien el país ha experimentado un notable crecimiento en el número de visitantes, la mayoría opta por la costa. Pero Croacia guarda en su interior otros tesoros naturales, culturales y gastronómicos que no iba a tardar en descubrir.
Jakov, mi cicerone por el país, abandonó la autovía E95 y se internó por la carretera 508 rumbo a Trakošcan, donde se erige el más romántico y, para muchos, el más bello palacete de Croacia. Parece sacado de un cuento de hadas, rodeado de una hermosa vegetación, a orillas de un lago lago artificial. Desde lo alto de su torre almenada se disfruta de unas vistas incomparables que lo hacen espectacular, dejando a la vista las montañas que limitan con Eslovenia. Y, es que este bello castillo, se encuentra situado en la parte noroccidental de la cordillera de Zagorje Croata, entre las montañas Macelj, Ravna Gora y Strahincica.
Esta atalaya fue construida en la segunda mitad del siglo XIII para defender los intereses del Condado de Zagorje. Perteneció inicialmente a una familia desconocida. De hecho, sólo poseemos datos de quienes lo heredaron: los Condes Celjski, propietarios del condado donde se erige orgulloso. Han sido muchas las manos por las que ha pasado esta fortaleza a lo largo de los siglos pero, después de la Segunda Guerra Mundial, pasó a formar parte del patrimonio del estado para convertirse en lo que es ahora: un museo.
El lugar está lleno de recovecos en los que podemos encontrar alguna puerta escondida en algunas estancias y camas de muy pequeño tamaño. Al parecer, durante la Edad Media era frecuente dormir semiacostado. La razón de esta incómoda postura radica en el miedo a la muerte ya que la posición de cubito supino (dormir boca arriba) estaba reservada a los muertos. Una forma de sortear a la parca era, pues, dormir sentado, con la espalda recostada sobre un gran almoadón. De ahí el peculiar tamaño de las camas.
También me sorprendió comprobar como los retratos de la familia que cuelgan de las paredes poseían cabezas de tamaño descomunal. Supe después que contratar a un pintor para hacer un nuevo cuadro costaba más que sólo rehacer la cabeza del nuevo dueño del lugar. Así que, poco a poco, la testa de los personajes iba engordando con el tiempo. Curioso ¿verdad?
La colección que pude visitar en el interior se realiza por etapas, desde 1952 en adelante. Hoy aun no se ha terminado por completo. Destacan especialmente el Salón de los Cazadores, la Sala de Música, el Estudio de la pintora Julijana Erdoedy Draškovic, así como las colecciones distribuidas por el resto de las habitaciones. Lo más curioso, si cabe, es la Colección de Armas, con muestras de los siglos XV al XIX en la que puedes encontrar cualquier cosa que imagines. Viendo el paisaje desde lo alto de la torre, puedo entender porque muchos Croatas vienen a pasar el día entre sus jardines y la orilla del lago. Todo tiene un encanto mágico que va haciéndose más real a cada poco que recorres las carretera hacia la barroca y musical ciudad de Varaždin, situada a poco más de media hora de donde ahora me encuentro.

La ciudad Barroca
Comparada con Viena a menudo, Varaždin -dicen- es la villa de las flores. Basta dar un paseo por los numerosos parques de la ciudad para comprobar que es del todo cierto. Flores multicolores y mucho verde acarician los sentidos de quienes se acercan a esta población que cuenta con una población de casi 50.000 habitantes. Su importancia histórica está fuera de toda duda. En el siglo XVIII, Varaždin fue capital de Croacia durante nueve años.
Pasear por sus calles en época estival es como retrotraerse a otra época, una en la que los grandes vestidos largos, las sombrillas, los largos bigotes y grandes sombreros caminaban sonrientes por las adoquinadas calles del centro. Quizás dejándose ver, quizás soñando con dejarse ver.
Así me siento yo ahora rodeada de gente. He tenido la gran fortuna de visitar Varaždin cuando tiene lugar uno de los reclamos turísticos y culturales más importantes. El Spancisfest o fiesta de los paseantes que, junto a otro festival de música barroca, atraen hasta estas latitudes a miles de visitantes. No hay hoteles vacíos en toda la ciudad y las calles del centro rebosan vida por todos lados. Los puestos y tiendas adquieren un protagonismo especial y proporcionan alegría e ilusión a los paseantes con productos típicos y artesanías; Flores de papel, de tela, lana, pequeños objetos decorativos y corazones de mazapán con el nombre de la ciudad. Un souvenir inevitable para cualquiera que visite Croacia.
La calle es tomada -literalmente- por numerosos artistas, pintores y artesanos, que exponen sus obras en una suerte de galería al aire libre. Todo es color y alegría. Los Croatas son gente abierta y muy hospitalaria por lo que resulta fácil entablar conversación y crear nuevas amistades. Casi todo el mundo entiende el inglés.
En mi primera incursión por esta colorida ciudad, cerca del hotel, tropiezo con el teatro de Varaždin. Fue realizado por un arquitecto vienés y tiene el honor de ser el primer teatro de todo el país. Esto dice mucho de la sensibilidad artística de quienes viven en este bello enclave. El teatro acoge, desde hace la friolera de 37 años, el festival de música barroca de Croacia. Detrás del histórico edificio se extiende uno de los cientos de sus hermosos parques, rebosantes de verde y coloristas flores, me refiero al parque Vatroslav Jagic,que es el nombre de un conocido lingüista eslavo. Este equipamiento, hasta comienzos del siglo XIX, estaba hecho en los muros de la ciudad, en su foso.

El oso petrificado
Toda ciudad posee leyendas y Varaždin no es ninguna excepción. Una de ellas hace referencia a la iglesia de San Nicolás, de gran importancia y de estilo barroco. Se dice que fue erigida en el lugar donde una osa criaba a su osezno. Ésta, al ver que los humanos estaban construyendo en su osera, partió al encuentro de un nuevo enclave donde dar cobijo a su cria. Pero nunca volvió a verla. Cuando regresó el osezno había desaparecido y dicen los más viejos del lugar que iba a su encuentro todos los días hasta que la osa se convirtió en piedra. La bonita historia tiene su transunto entre las numerosas gárgolas de la construcción pues, si nos fijamos bien, distinguiremos una que representa la osa petrificada.
Otra expresión del mito se plasma en los gorros de los llamados burger, unos pintorescos soldados que podría ver más tarde, frente al Ayuntamiento, realizando el cambio de guardia. Sus gorros están diseñados con piel de oso en honor a la leyenda.
No muy lejos de la iglesia de San Nicolás se encuentra la plaza del Ayuntamiento, el llamado Varaždinski korzo. Se trata de un edificio regalado por Jorge de Brandemburgo a la ciudad. En él -como apunté antes-, se realiza un cambio de guardia muy pintoresco. Cada hora, al ritmo de un tambor, los soldados hacen su “cambio de guardia”, una tradición traída por la emperatriz María Teresa, que hoy en día ha quedado como algo anecdótico, pero permanente en la ciudad.
En la plaza, las terrazas veraniegas hipnotizan. Apetece sentarse a contemplar el vayvén de gentes paseando: los que se disfrazan de época, los niños que corretean o los que torpemente se han embadurnado el rostro con un delicioso helado que no han sabido comer. Están, también, los que andan camino del próximo concierto o que, simplemente, pasean por las calles disfrutando del ambiente.
Unas calles que conducen a la llamada ciudad vieja, el Stari Grad, un edificio de grandes, recios y blancos muros que constituye un magnífico ejemplo de la arquitectura defensiva medieval. Su construcción tuvo lugar en el siglo XIV, más tarde se le añadieron las torres circulares, que son un rasgo típico de las construcciones góticas croatas. En su interior se halla el museo de la ciudad. Sus estancias no sólo conservan piezas antiguas sino que sirven para acoger representaciones y conciertos.

ENCLAVES SINGULARES
En todos mis viajes acostumbro a visitar dos lugares muy particulares: el mercado y el camposanto. Ambos proporcionan mucha información sobre costumbres y aspectos culturales de la ciudad, la región, o país en cuestión.
El mercado de abastos de Varaždin es muy colorista y tiene dos espacios bien diferenciados. El primero se extiende en el edificio del mercado, abarrotado de puestos de frutas verduras y otros alimentos, que se distribuyen en hileras. El segundo se extiende fuera del recinto, en la plaza, donde los puestos se colocan bajo lonas con los colores patrios.
El cementerio, por su parte, es también muy curioso. Un camposanto a imagen y semejanza de los jardines de Versalles, diseñado de forma que sus verdes muros eviten tomar contacto con las tumbas. Si lo deseas, puedes no ver ninguna ya que se encuentran escondidas entre los árboles y los setos. El silencio de la tarde es recogedor e invita a la meditación frente a alguna de las esculturas suntuarias de gran elaboración.
Tras este momento de recogimiento puse rumbo al festival. En las calles, hombres y mujeres con vestidos multucolores dirigían a la gente hacia los escenarios subidos sobre gigantescos zancos. La noche prometía ser larga, intensa y divertida, con la música del Spancifest como protagonista.

SENTIMIENTO NACIONAL
Al día siguiente abandonaría esta ciudad camino de la no menos interesante Cakovec, una localidad situada del condado de Medimurje, a poco más de 15 kilómetros de Varaždin por la carretera 20.
Cakovec fue el primer municipio en recibir el ferrocarril, mucho antes que la capital del país y tiene una gran importancia para los croatas, ya que aquí nace y se extiende el sentimiento nacional a través de uno de sus iconos más detacados: Nikola Zrinski. Nacido en 1620, en el seno de una familia noble, este militar y poeta unificó todos los territorios con una misma lengua: el croata zrinski. Sus padres, Juraj Zrinski y Magdalena Széchy tenían una gran influencia en la corte Húngara, especialmente durante la guerra contra los Otomanos. Con el paso de los años, su sueño de conseguir una Croacia unida, se vio malinterpretada y condenada al ostracismo.
Nicholas Zrinski se distinguió por su insistencia en que se respetasen los derechos de los croatas, y se tratara al territorio no como un anexo a Hungría, sino como un reino. Conociendo cinco idiomas, después de haber participado en la guerra de los treinta años, equipando a su regimiento desde sus propias arcas y llegar a salvar la vida del Emperador Fernando III de Habsburgo, fue nombrado Ban y capitán general de Croacia. Seguía manteniendo contacto con las figuras intelectuales de la época. Y aunque fue un gran erudito y escritor, así como su hermano Peter, murió a causa de un accidente de caza, que hoy aun se duda fuera un accidente, en un época que no interesaba que Croacia fuera parte de un propio país, sino de un imperio bien armado.
Ahora, en el castillo de la familia, que se dice continúa su línea en Grecia, se alberga el museo en el que objetos de la época y de la familia, pueden ser visitados y disfrutados, así como volúmenes escritos por Nicholas y poemas, imaginando la vida de esta familia que tuvo hasta la independencia del Imperio. Todo ello, rodeado de amplios parques verdes en los que los jóvenes descansan al terminar su horario escolar y un centro peatonal absolutamente tranquilo.
Erudiciones históricas al margen,
Cakovec merece una visita. Su casco antiguo es el más valioso monumento de la arquitectura secular.
Otros puntos importantes en esta ruta histórica son el café Royal, el edificio del casino, en estilo art decó y muchos otros que cuentan la historia y la forma de la vida de esta ciudad que posee un gran interés por la cultura. Algo que se plasma en sus parques y plazas a través de esculturas que forman una serie de monumentos de alto valor artístico, realizados por autores conocidos. También merece la pena pasear por sus ordenadas calles, llenas de comercios, iglesias y otros edificios monumentales.
Es el momento perfecto para sentarme, pedir un café y disfrutar de lo que tengo a mí alrededor. Vida.

Publicado en nuestra edición número 4 de marzo 2010


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