Los 32 rumbos - revista on line de viajes


Castillo de Niedzica

Tras el tesoro de los incas en Polonia

Cada primavera, cuando la nieve se derrite, cazatesoros de todo el mundo acuden al sur de Polonia equipados con detectores de metal. Por sorprendente que parezca, buscan el tesoro perdido de los incas que un descendiente de Túpac Amaru II dejó escondido presuntamente en los alrededores del castillo de Niedzica.

Texto: J.Guijarro y P. Hervías Fotos: Josep Guijarro

Transitábamos la carretera 969, bordeando la frontera con Eslovaquia cuando, en los alrededores del embalse Czorsztyn, se hizo visible la imagen imponente de un castillo medieval. Sorprendidos por una curiosa placa que alertaba de la presencia de fantasmas, descendimos del vehículo llenos de curiosidad. Entonces no sospechábamos que esta gótica construcción encerraba una de las claves para la localización de parte del tesoro perdido de los incas. Y no podíamos imaginarlo porque nos hallábamos ¡en Polonia!
El castillo de Niedzica se erige a orillas del río Dunajec, junto a una pequeña cadena de montañas conocida como Los Pieniny, a unos 40 Km. de Zakopane, la capital del turismo invernal de Polonia. Su aspecto actual se remonta a tiempos de su reforma renacentista. Desde la parte alta de la fortaleza se disfruta de una bella panorámica de los Pieniny, del valle de Czorsztyn y su moderna presa, así como las ruinas -al otro lado del río-, de un castillo del siglo XIV que, según la leyenda, está comunicado con el primero por debajo del lecho.
Tras unos minutos de espera, en sepulcral silencio, nos sobresalta una fanfarria que suena todas las horas en punto y, en aquel instante, como si fuera una aparición, nos recibe Agnieszka que, a cargo del museo que contiene hallazgos arqueológicos relacionados con el castillo, nos guiaría por sus principales estancias. Este museo contiene restos de la mampostería que alguna vez adornó los interiores, estampas y grabados con vistas del castillo en varias épocas, así como abundante documentación histórica. De este modo supimos que el castillo fue construido entre los años 1320 y 1326 por un tal Kokos de Brezovica y que estuvo en posesión de la familia Berzeviczy durante más de 150 años.
-“Uno de sus descendientes –nos explica Agnieszka- protagoniza una historia relacionada con el tesoro de los incas que, según una leyenda, estaría escondido en los alrededores.”
Ambos cruzamos una mirada cómplice. El tesoro perdido de los incas… ¿en Polonia?

El oro de los incas
Francisco Pizarro llegó a tierras incaicas en 1535 sediento de oro. Para salvaguardar su vida, el emperador Atahualpa ofreció a los recién llegados llenar una habitación con piezas de oro. Su hermano Huáscar, sin embargo, era partidario de la lucha; “Los extraños que han llegado –le espeta- no son Viracochas, son simples mortales y ladrones. Nos vienen a ofender. Se viene la sombra de la esclavitud. Si no luchamos, hemos de hundirnos en el duelo y la miseria”. El “guerrero” parte de Cuzco hacia Quito (Ecuador) donde se proclama emperador y organiza la lucha contra los conquistadores. Atahualpa, por su parte, es encarcelado y meses más tarde acusado de traición por no revelar el paradero del tesoro. Para pagar su rescate, Pizarro exige dos habitaciones llenas de oro y, aunque cumple con lo pactado, es igualmente ejecutado.
La cantidad de oro y plata reunidos por Pizarro en Perú triplicó el botín obtenido por los españoles en México. Con todo, el grueso del tesoro nunca apareció. ¿Es posible que se lo llevara consigo Huáscar a Ecuador?
Una tradición asegura que duerme en el fondo del lago Titicaca, en Perú. Hasta allí se desplazó el oceanógrafo Jacques Cousteau en 1969. Durante ocho semanas exploró el fondo del lago con submarinos individuales provistos de sonar, pero no halló ni una pepita de oro. Otros, han vinculado el famoso tesoro perdido de los incas con las misteriosas placas de oro halladas por Juan Moricz en la Cueva de los Tayos, en Ecuador. Este hallazgo -todavía en duda- despertó el interés de numerosas expediciones que tampoco encontraron nada. Y, finalmente, los miembros del Instituto de Arqueología Náutica de la Universidad de Texas y la Fundación Widam que, desde noviembre de 1998 buscaron el paradero del escurridizo tesoro, nos ofrecen pistas de su paradero en la zona de Sigsig, en las estribaciones de la Cordillera Oriental o de los Llanganates, donde presumen que Huáscar lo escondió (ver recuadro). En ninguno de los escenarios propuesto figura Polonia, ¿qué fundamento, pues, tenía la revelación de nuestra guía?

Descendientes de Túpac Amaru
La relación del Castillo de Niedzica con el tesoro de los incas tiene dos naturalezas. Una histórica, que hemos comprobado, y otra legendaria. Está acreditado que a mediados del siglo XVIII, Sebastián Berzeviczy (a la sazón propietario de la fortaleza) fue en busca de fortuna a América del Sur, tras una breve estancia en el sur de nuestro país donde pudo aprender castellano. En Perú, se casó con una indígena de “noble familia” de la que tuvo una hija llamada Umiña. Pudimos comprobar como su nombre figura en la genealogía Ancient Inca Emperors como Umina Berzeviczy, tras casarse con un sobrino de Túpac Amaru, llamado Andrés.
Y es que, a causa de los excesivos tributos y los abusos de los corregidores españoles, el 4 de noviembre de 1780 estallaría en Tinta (Perú) una rebelión indígena liderada por José Gabriel Condorcanqui Noguera, conocido con el sobrenombre de Túpac Amaru II, en honor a su antepasado: el último Inca de Vilcabamba. El levantamiento captura y ejecuta ese mismo día al nuevo Virrey de Tinta, Antonio Arriaga. El movimiento contra la dominación española pronto se extendería por toda América. Tras arduas batallas, los españoles toman el control de la situación, capturan al insurgente y lo ejecutan cruelmente en la Plaza de Armas de Cuzco. La sentencia proclamaba que debía presenciar la muerte de toda su familia por cuatro generaciones, por lo que Berzeviczy, su hija Umiña (que entonces estaba en estado) y su yerno Andrés (descendiente de los incas) ponen rumbo a Europa.

Una lista de extrañas muertes
Los Berzeviczy vivieron en Venecia (Italia) entre 1783 y 1797. En ese último año Andrés será apuñalado en circunstancias misteriosas. Con Umiña como última heredera inca y el temor a la persecución de los españoles, Sebastián huye a Polonia y se refugia junto a su hija y su nieto recién nacido, Antonio, en el castillo de Niedzica.
La fortaleza era por entonces propiedad de los Horvathów. Para recuperarlo, Sebastián ofrece ¡parte del tesoro inca! No será el último deceso, ya que Umiña también morirá apuñalada cerca del castillo mientras paseaba por el exterior. De hecho, sigue enterrada en una cripta de esta construcción. Sebastián asustado por la cadena de muertes trata de salvar a su nieto, Antonio (Túpac Amaru) Benesz-Berzeviczy, dándolo en adopción a un pariente pobre y desconocido que vive en Moravia, concretamente en la localidad de Krumlov (República Checa).
Hemos averiguado que fue inscrito en los registros parroquiales de Krumlov en 1798 como hijo de Antonio Waclaw y Anny Benesz.
La decisión fue acertada puesto que Antonio morirá de diabetes en 1877 dejando dos hijos: Ernest y Wilhelm.
Al primero le entregó recuerdos de familia y unos documentos de los que nunca debería hablar si no quería caer en desgracia. Pero, interesado por conocer los entresijos de su descendencia inca, el malogrado Ernest también moriría asesinado y con él la tercera generación de los Túpac Amaru. Por fortuna, su legado pasó a manos de su hijo Jan. Es gracias al hijo de este último, Andrzej Benescz, quien junto al historiador polaco Jan Szeminski y el Húngaro Adam Anderlo, ambas figuras prominentes en su especialidad, son quienes han aportado luz y taquígrafos a esta fascinante historia. La única fuente en castellano –dicho sea de paso- procede de Antonio Vergara Collazos, autor de un libro de difícil adquisición que lleva por título Los Túpac Amaru en Europa (1981).

El testamento de los incas
Cuanto más a fondo investigábamos más semejanzas hallábamos con una novela policíaca, llena de intrigas, de asesinatos y personajes siniestros. Ya en España, y por intermediación de nuestra amiga Iwona Zelinska, de la Oficina de Turismo de Polonia, pudimos rellenar algunos huecos históricos y conocer algunos hallazgos interesantes.
Nos referimos al acta notarial que refleja el hallazgo de un quipu inca en el castillo de Niedzica. Los quipus son un sistema nemotécnico utilizado como contabilidad por los incas pero, también, un lenguaje sagrado (aún por descifrar) consistente en una cuerda principal, sin nudos, de la cual penden otras, generalmente anudadas y de diversos hermosos colores, formas y tamaños.
Al parecer, tras la tenebrosa cadena de muertes protagonizada por los herederos incas, Sebastián Berzeviczy recibió la visita de una misteriosa delegación de Perú: El Consejo de los Incas. Éstos redactarían un testamento en un quipu sagrado, tejido en lino de oro y plata, destinado a perpetuar la información y servir de memoria a sus detentadores. Tras esconderlo en el castillo donde ahora nos encontrábamos, Sebastián se trasladó a Cracovia donde murió meses más tarde en el monasterio de los Agustinos.
El quipu quedó relegado al olvido hasta 1946. En esa fecha, su trastaranieto Andrzej Benescz –que llegó a ser presidente del partido demócrata entre 1973 y 1976- visitó la iglesia de la Santa Cruz, en Cracovia, donde descubrió el acta de adopción de su abuelo Antonio por parte de su tío Waclaw, el documento expresaba en siete puntos unas voluntades y se comprometía a revelar a Antonio su ascendencia Túpac Amaru cuando llegara a la edad adulta. Esto convenció a Andrzej de que en algún lugar en las proximidades del castillo de Dunajec, se escondió una parte del tesoro de los incas para poder comprar armas europeas que sirvieran en la lucha de sus compatriotas contra los españoles.
Nuestra guía, además, nos dio un dato desconcertante: “otra parte del tesoro se halla en una ría de Vigo, en España”. Asumimos que se trata de una leyenda sin fundamento, aunque reconocemos no haber realizado aún ningún paso en esa dirección. Y es que era tan asombroso lo que conocíamos que estábamos hipnotizados.

Un hallazgo sorprendente
Sea como sea, el 31 de julio de 1946 en presencia de las autoridades locales y los arqueólogos, Andrzej halló enterrado tras el umbral de entrada al castillo, un tubo de plomo de 18 centímetros de largo por 3,5 de diámetro con los extremos soldados, que contenía el quipu testamentario con el paradero del tesoro de Atahualpa. Pero la maldición no termina aquí, y aun a pesar de que todo pudiera ser producto de la casualidad, el día antes del decimosexto aniversario de su hijo Janusz, durante la cena, Andrzej anunció, que como venía siendo tradición en su familia, le contaría al día siguiente la historia de su linaje y todos sus secretos. Extrañamente, a la mañana siguiente, cuando se encontraba en la sede de su partido, recibió una nota que le hizo salir inmediatamente de una reunión y tomar su coche. Nadie a ciencia cierta sabe que ocurrió, pero el 26 de febrero de 1976, el último de los conocedores del secreto inca, falleció en un accidente de tráfico causado por un fallo en los frenos del vehículo.
La maldición que rodea el tesoro de los incas, se había cobrado previamente la vida del director del museo del castillo de Niedzica. Conocedor de toda la historia, siguió la búsqueda y también murió en extrañas circunstancias, tragado el río.
Podríamos añadir a esta siniestra lista, dos integrantes de la familia Salomón, propietarios del castillo en otra época, que regresaron desde Hungría para buscar el tesoro tras la muerte de Andrzej. Hallaron la muerte en el mayor accidente de tren recordado en la historia de Polonia, en la localidad de Piotrków. ¿Casualidad? Probablemente sí.
La tradición asegura que el quipu se envió a Perú para su estudio, hay datos que así lo demuestran. Pero la viuda de Andrzej, Janina, cuando se le preguntó sobre el paradero del mismo asegura, misteriosamente: “Mi esposo no tiene las cuerdas en casa, se ocultan en las montañas”. Desde entonces, todas las primaveras, cuando la nieve se derrite, un ejército de buscatesoros provistos de detectores de metal, escudriña el famoso legado en los alrededores del río Dunajec. El último de los Benescz vive en Gdansk, es abogado y dice no querer saber nada de ningún tesoro inca.

Publicado en nuestra edición número 6 de mayo 2010


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