Los 32 rumbos - revista on line de viajes
VERSIÓN PARA IMPRIMIR
Escapadas / España
Villa Romana de La Olmeda
Una escapada cultural en Palencia
En el llano Palentino, se levanta una estructura impresionante de acero y cemento. Entre esas paredes, se “esconde” uno de los tesoros romanos mejor conservados por el tiempo y el trabajo, la bella Villa Romana de la Olmeda.
Texto: Patricia Hervías Fotos: Josep Guijarro
La mañana palentina era fría, de esas que se calan entre las ropas. Nuestra llegada fue exactamente todo lo contrario a la que precedió al descubrimiento de los primeros cimientos de la Villa Romana de la Olmeda, que reabría sus puertas al público el pasado 1 de abril, después de una faraónica que se ha sustantivado en un moderno edificio, con una impresionante cubierta, que resguarda el descubrimiento. Esta estructura, lejos de despersonalizar el hallazgo de estos cimientos, los dota de una fuerte personalidad abriendo un espacio en el que se permite percibir de forma diáfana la estructura de la villa y nos muestra, mediante telas metálicas semitransparentes, las diferentes estancias del lugar. Pero, regresemos a aquella calurosa jornada del 5 de julio de 1968, en la que entre arados, tierras de cultivos y horas de intenso trabajo bajo el sol, Javier Cortés Álvarez de la Miranda y un amigo, Avelino Palacios, se encontraban investigando la razón por la que su arado se quedó encallado, en aquel pago situado muy cerca de Pedrosa de la Vega, en Palencia. Al intentar solucionar el problema, sobrevino la sorpresa porque descubrieron, inmediatamente un muro de piedra. Sesenta centímetros más abajo, se encontraba uno de los primeros mosaicos que hizo que este hombre consagrara su vida a esta villa. Desgraciadamente falleció un mes antes de la inauguración del centro interpretativo recién inaugurado, convirtiéndose desde su descubrimiento en la Villa Romana poseedora de los mosaicos más impresionantes del Bajo Imperio Romano Hispánico.

Bajo Imperio
Hablamos de una época en la que la crisis de las ciudades, había empujado a los grandes patricios a residir en lujosas casas de campo, cuyo magnífico ejemplo lo tenemos en ésta que poseía 4.000 metros cuadrados, además de treinta habitaciones, jardín, pórtico y baños termales (caldarium, Frigidarium y templarium) entre otros aposentos. Como “cotilleo” de la época, se cuenta que podrían ser familia del emperador Teodosio. ¿Quién sabe?
Pero lo más impresionante de esta casa, son sus espectaculares mosaicos, los cuales denotaban la clase social de aquellos que la habitaban. Admirarlos, es como estar disfrutando de una “gran alfombra de piedra”, en la que leyendas se encuentran encerradas. Escuchar a José Antonio Abásolo, director de las excavaciones, contar la historia que encierra la cenefa principal de aquel mosaico, te envía sin retorno a un pasado romano. Con su risueña voz, comenta que allí, en la sala principal, ese mosaico es uno de los más ricos de toda Europa y casi el más importante del mundo. En una cenefa rodeada de 18 rostros en medallones sujetos por animales, aparece una escena de la guerra de Troya en la que los protagonistas son Ulises y Aquiles, trabajada hasta la perfección para encontrarnos justo debajo escenas de caza con animales africanos y de la zona.

Algo más que ruinas
Y aunque aún quedan muchas estructuras por salir a la luz, comenzar por visitar la Villa Romana de la Olmeda, nos da la posibilidad de disfrutar de un entorno magnífico. Tuve la suerte de poder hospedarme en el antiguo Convento de San Zoilo, en Carrión de los Condes, que fue la iglesia representante del Cluny en España, aunque se desconoce la fecha en la que pudo fundarse esta institución monástica.
Rodeado de llanuras inmensas, se encuentra el pequeño pueblo de Támara de Campos cuya iglesia de San Hipólito se me presenta como un descubrimiento. Está repleta de bellas obras de arte, en las que destaca un curioso órgano del siglo XVIII, que se encuentra “suspendido” de tan sólo una bella columna policromada y que nos deleita con un sonido espectacular. Se le llama “el órgano equilibrista” y fue construido por Antonio Ruiz Martínez en 1785.
Nuestro camino termina en Villaumbrales, donde se erige el museo del Canal de Castilla, que pretende recuperar casi inmediatamente el proyecto del Marqués de la Ensenada para hacerlo navegable. Con 207 kilómetros de largo y tres ramales diferentes, se podrán disfrutar de paseos en barca, en bicicleta por sus márgenes o a pié, para admirar todo lo que los alrededores de esa pequeña población donde se descubrió la villa romana de la Olmeda.

Reportaje publicado en nuestra edición número 6, de junio 2010. http://www.los32rumbos.com
Todos los derechos reservados.