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Escapadas / España
Portell de Morella
un pueblo de reminiscencias templarias
Por toda la geografía española existen pueblos que quizás por su extensión pueden parecer pequeños, pero que por su historia o por ser participes en ciertos momentos de la misma se convierten en algo más que casas y piedras con algo que contar.
Texto: Patricia Hervías Fotos: Josep Guijarro

En la zona del maestrazgo, escondido entre valles de las provincias de Castellón y Teruel, se encuentra Portell de Morella (Castellón), un pequeño y tranquilo pueblo que se situa en la puerta de entrada natural desde tierras aragonesas a las valencianas -o viceversa- por la sierra del Cardo a Morella. El mayor atractivo del lugar viene dado por su legado medieval, con calles estrechas y largas que siguen las curvas de nivel aunque sus alrededores poseen paisajes de increíble belleza.
Se tiene conocimiento de presencia humana desde el periodo Magdaleniense gracias a yacimientos arqueológicos y pinturas rupestres. Un ejemplo lo constituyen las vecinas Cuevas de Cristal (cerca de Castellote, Teruel), donde fue hallada la mandíbula del Hombre de los Molinos, resto del homínido más antiguo hallado en Aragón (con 25.000 años de antigüedad). Además la cueva ha proporcionado restos de cerámica del Neolítico y diversas muestras que indican el uso funerario de la misma.
Hoy su visita nos pone en contacto con las cavidades más espectaculares a nivel del desarrollo de precipitaciones de carbonatos (estalactitas, estalagmitas, columnas, cortinas, cascadas... que han dejado formaciones arborescentes que adoptan las más variadas direcciones, colores y cristalizaciones.
Volviendo al Portell, conviene explicar que, en época visigótica, el pueblo estaba situado en el lugar donde hoy se erige y que había formado parte del fuero de Zaragoza, por orden del rey Berenguer IV. Pero, tras la conquista de Morella por Blasco de Alagón, antes de que se iniciara la conquista del Reino de Valencia, el 17 de abril de 1233, otorga a esta ciudad carta de población, a fuero de Sepúlveda y Extremadura, incluyendo a Portell entre las aldeas del término morellano.

Historia Templaria
Y es el rey Jaime I el que hace donación de Portell, junto a otras aldeas, a la Orden del Temple. De la presencia de la mítica orden en esta pequeña aldea se mantiene la torre de la iglesia y la recientemente descubierta cruz templaria en la puerta de una casa aneja. Aunque sin la ayuda del alcalde, don Álvaro Ferrer, nunca hubiéramos imaginado que, como en la mayoría de pueblos españoles, en las casas se esconden pequeños tesoros que quizás al pasar el tiempo, puedan ser descubiertas por alguna extraña suerte.
El llamado castillo de Morella se encuentra en la parte alta del pueblo junto a una Iglesia dedicada a la Asunción de la Virgen, que es de estilo barroco, planta románica y la fachada de corte neoclásico. Este castillo formaba parte de una serie de edificaciones defensivas que posiblemente sean de origen visigótico, y que fueron anexionadas a la iglesia.
Pero no es más curiosa la Ermita de Nuestra Señora de la Esperanza, que con una sola nave y bóveda de arista, la entrada por las escaleras que nos dan acceso a ella se encuentran situadas al lado del lavadero que todavía utilizan algunos vecinos.
Paseando por allí me preguntan: ¿has estado en Les Albaredes? Niego con la cabeza y me responden que es una pequeña villa deshabitada al río La Cuba. Me marché para allá y descubrí que se trataba de una pequeña población que estuvo habitada hasta el siglo pasado. Parece un lugar fantasmal, silencioso y en el que sólo los sonidos de avispas y alguna que otra paloma perdida, despierta los sentidos mientras el viento pasea por entre las casas destartaladas. En la parte más alta una pequeña Ermita, la de San Marc, hoy aun sigue estando consagrada y su techo en madera decorada y suelo empedrado con piedras de río, toman forma de flor de lis, ¿quizás reminiscencias templarias?
Antes de poner rumbo a la turística Morella me pierdo por las fiestas de Mirambel otra bella población medieval de Aragón que viste de gala (en Agosto) por sus fiestas patronales. Unos niños ataviados con traje típico me asaltan y logro tomar una bella estampa.
Pasear por nuestros pueblos, adentrarse a caminar entre sus calles y disfrutar de los pequeños detalles que te ofrecen, pueden darte una visión de lo que es nuestro país.


Reportaje publicado en nuestra edición número 9, de septiembre 2010. http://www.los32rumbos.com
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