Los 32 rumbos - revista on line de viajes
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Escapadas gastronómicas / Italia
San Miniato
Capital de la trufa
Lugar de origen de la familia Bonaparte, esta localidad italiana situada en el corazón de la provincia de Pisa, se transforma el mes de noviembre, desde 1969, para albergar en sus calles a cientos de visitantes que buscan uno de sus tesoros gastronómicos más exclusivos: la trufa blanca.
Texto: Patricia Hervías Fotos: Josep Guijarro
Los idílicos colores de la Toscana se empeñan en no salir hoy. Los morados de la lavanda y rojos de las amapolas quieren descansar. Y si no lo quieren hacer, es la lluvia quien les obligada durante mi recorrido por la provincia de Pisa. Voy camino de una de las ferias gastronómicas más ancestrales de Italia, la del Tartufo bianco (trufa blanca, en castellano). En Volterra y San Miniato se celebran, en los meses de octubre y noviembre, sendos mercados nacionales de este codiciado producto gastronómico, que apenas desciendo del vehículo, me inunda con su olor tan peculiar.
Como es sabido, la trufa más codiciada es la blanca, considerada el diamante de la tierra, un hongo carísimo que se busca mediante perros adiestrados.
Y reconocí su aroma porque quedó grabado a fuego la noche anterior en una fantástica cena que degusté en el Hotel Quattro Gigli, situado en el centro de un antiguo burgo, Montopoli, en un palacio del quattrocento. Pocas veces he comido una pasta tan rica.
Pero volvamos a San Miniato, una bella población que equidista 20 miglias (33,5 Km.) de Florencia, Lucca, Siena y Volterra.

HISTORIA CONVULSA
Su historia, como casi la mayoría de ciudades importantes de Italia, es convulsa. El pueblo se encuentra situado en lo alto de un cerro, desde el que se domina la legendaria colina del Arno. Fuesede de los vicarios imperiales en Toscana y posee una catedral del siglo XIII, varias veces restaurada, que recibe el nombre de Cattedrale della Rocca. Muestra unos curiosos platos en su fachada que -me explican- dibujan la Osa Mayor y otras constelaciones del firmamento. Es importante destacar su campanario adyacente, la llamada “Torre de Matilde”. Hace referencia a Matilde de Canosa, una mujer que pasó su vida intentando que los territorios de San Miniato pertenecieran a la facción Güelfa, pro Papal.
Casada con Godofredo III, del imperio Austro-Húngaro, al darle sólo una hija él se enfadó mucho, ella marchó y volvió a casarse con Güelfo V. Las historias rosas de la época, cuenta que tras una semana de casados aun no habían consumado el matrimonio. Por esa razón, Matilde, que a la sazón contaba con 49 años, se colocó desnuda en una mesa frente a su joven marido de19 años que, a continuación la repudió. En cualquier caso, todas estas peripecias sirvieron para su propósito, ya que consiguió que el palacio episcopal y la mencionada Catedral se ubicaran finalmente en el pueblo.
San Miniato pasó a ser entonces -oficialmente- sede la de administración Italiana durante cuatro años (del 1160 al 1164). De esa fecha es La Rocca di Federico II, de estilo siciliano, que a pesar de haber sido destruido durante la II Guerra Mundial volvió a levantarse en el siglo pasado. Se cuenta que allí Pier delle Vigne, pronotario del emperador Federico II de Hohenstaufen, fue encerrado por el mismo emperador que creyó las calumnias que le contaron de él y además de encerrarle le cegó con un hierro candente. Por ello, Pier que no soportó el dolor, se suicidó golpeándose la cabeza contra los muros de la cárcel.

TESORO GASTRONÓMICO
Es una historia tumultuosa nada tiene que ver con la vida que ahora percibo en las calles. Unas calles llenas de gentes de todas partes atraidos por la fama de la 38 edición del Mercado Nacional de la trufa blanca, tuber magnatum pico. Un manjar ya conocido desde época egipcia, y que se toma de varias maneras ya sean frescas, crudas o cocidas; a rodajas o ralladas en polvo fino. Como ingrediente otorga un sabor inigualable a muchos platos, como las carnes, la caza, las aves, los pâtés o las ensaladas. La forma más sencilla es tomarla con pan, aceite de oliva virgen y una pizca de sal. Los puestos callejeros juegan con nuestros sentidos, olores que se desprenden de embutidos, los platos de pasta, las carnes que se degustan en los restaurantes y las presentaciones de los mismos que nos hacen el viaje a Volterra más agradable.
Mientras paseaba por las calles de la bella ciudad de Volterra, las gotas de lluvias hicieron, de nuevo, acto de presencia. Me refugié en el Restaurante Da Luca donde su chef me preparó un menú degustación con la trufa como protagonista. Con la panza llena y el sol iluminando tímidamente las calles de la ciudad en la que etruscos, romanos, medievales y renacentistas fueron implementando sus diferentes artes arquitectónicas, mis sentidos estaban más sensibles. Esos curiosos rayos se posaban en las murallasdotándolas de una casi espectral teatralidad. Parece que en sus esquinas cualquier viandante vestido con un traje y capa renacentista puede cruzar frente a ti como un fantasma. Las sombras juegan con los sentidos, los brillos nos regalan formas distorsionadas casi fantasmales que nos retrotraen a oscuras historias entre la verdad y la leyenda.

UNA CIUDAD CON HISTORIA
La monumental Volterra se erige en una colina a 541 metros de altitud, entre los valles del Era y del Cecina. Está rodeada de una doble hilera de murallas, amarrada a un espolón de roca. Fueron los etruscos quienes primero decidieron fortificar la ciudad para proteger su centro cívico y los campos de pastoreo y cultivo.
Supe mucho más de sus orígenes visitando uno de los museos públicos más antiguos de Europa: el Museo Guarnacci. Allí se conservan más de 600 lápidas de urnas funerarias etruscas y romanas en un salto de veintiseis siglos. Comparten espacio con otros objetos de escultura funerarias en piedra, alabastro o terracota, objetos en bronce, orfebrería y monedas. Entiendo ahora la vida de Volterra desde que los misteriosos Velathri, disfrutaron de parte de su vida encaramados en esta montaña. Un estilizada escultura en bronce es la estrella de este museo. Recibe el nombre de Ombra della Sera, cuya factura se remonta al siglo II de nuestra era. Otras obra singular, cuatro siglos más antigua, es la Urna de los esposos.
También los romanos dejaron su huella en Volterra. Como buen centro importante del imperio, se realizó un magnífico Teatro Vallebona, de la época de Augusto, así como edificios termales y una zona residencial convertida en un interesante centro arqueológico en el cual la vida civil y popular, después de guerras y grandes asedios, disfrutaban de la cultura más grande del momento.
Para contemplar una impresionante panorámica de esta bella localidad de la región de Toscana hay que subir a pie hasta la Piazza dei Priori, una verdadera maravilla medieval, que dicen sirvió de modelo para la construcción del Palazzo Vecchio de Florencia. Allí subiríamos a la habitación del Ayuntamiento en la que tendremos posibilidad de disfrutar de una bella pared con frescos Jacopo di Cione que representa la Anunciación, de 1383. Pero en su exterior, es curioso poder recrearse con las figuras de los priores que gobernaron la ciudad y de la sorprendente “canna volterrana”, una medida de la edad media municipal. Al otro lado, el Palazzo Pretorio, eclipsado por la torre del Porcellino, llamado así por el jabalí de piedra que sobresale por encima de la última ventana. El palacio episcopal también se encuentra en la plaza y además tiene un pequeño Museo de Arte Sacro. La catedral, el baptisterio son otros lugares para disfrutar de esta villa.
La primera es conocida, también, como la Basílica di Santa Maria Assunta, fue consagrada en 1120 ya lo largo de los años ha sufrido varias transformaciones, principalmente de estilo románico pero, también, una pequeña parte en estilo pisano, con mármol blanco y negro a rayas, típico del siglo XII.
El Baptisterio, por su parte, fue erigido sobre la base de un antiguo monumento funerario de origen etrusco. En su interior podemos admirar una pila bautismal que data de 1502, diseñada por Andrea Sansovino.

TRABAJANDO EL ALABASTRO
La ciudad de Volterra está unida indivisiblemente al alabastro, pues se erige en el centro de una rica zona minera que se explota desde tiempos remotos, constituyendo su mayor fuente económica y artística. En el siglo XIX, el aristócrata Marcello Inghirami Fei, un preclaro artista local y hábil técnico, desarrolló esa actividad mediante el diseño de una nueva maquinaria para la extracción del alabastro y fundó una prestigiosa escuela donde los jóvenes aprendían una técnica avanzada para trabajar esa piedra maleable y semitransparente. Hoy en día, sigue siendo el distintivo de la cultura de Volterra. Pude comprobarlo visitando el taller de Roberto, maestro del alabastro, quien modeló ante mi algunas piezas.
La provincia de Pisa es un regalo para los sentidos, por sus sabores, por sus olores y, naturalmente por sus paisajes que enamoran a primera vista.

Reportaje publicado en nuestra edición número 10, de octubre 2010. http://www.los32rumbos.com
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