Los 32 rumbos - revista on line de viajes | |||
Escapadas / España | |||
Trujillo | |||
Cuna de conquistadores | |||
Sobre una colina granítica que domina la llanura se erige Trujillo, uno de los municipios más interesantes de la provincia de Cáceres. Este año conmemorará el quinto centenario de uno de sus vecinos ilustres, Francisco de Orellana, descubridor del Amazonas. Por ese motivo, Trujillo se convertirá en un gran escenario donde abordar aspectos como el cambio climático y la degradación del medio ambiente, pues no en vano, se situa a las puertas de un marco natural privilegiado: el Monfragüe. |
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Texto: Javier Ramos Fotos: Josep Guijarro
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Un itinerario marcado por la profusa riqueza monumental que salpica la provincia de Cáceres nos conduce, a través de la Nacional 521, a Trujillo, ciudad de los conquistadores, cuya influencia en el descubrimiento de América trajo consigo un gran esplendor renacentista, de evidente valor en el conjunto patrimonial del municipio que aún se conserva. Tan espectacular lugar, incólume al paso del tiempo, da paso a otro no menos bellísimo paraje, el punto de mayor interés ornitológico de toda España. A 35 kilómetros de Trujillo, los sentidos se nublan al llegar al Parque Nacional de Monfragüe, donde los amantes de la naturaleza pueden gozar del avistamiento de buitres leonados desde un mirador privilegiado, el cortado rocoso Salto del Gitano bañado por las aguas del Tajo, disfrutar de excelsas panorámicas al subir a su castillo, o bien, para los más aventureros, realizar rutas senderistas. Ciudad de conquistadores La parada previa en Trujillo nos ofrece una urbe extremeña declarada conjunto histórico entre medio de un paisaje de berrocales, que se convirtió en un centro urbano de enorme valor patrimonial gracias al esplendor que proporcionó el oro que trajeron del Nuevo Mundo sus ilustres hijos Francisco Pizarro y Francisco de Orellana. Pero Trujillo ya era una ciudad importante antes de que surgieran ella los protagonistas de la aventura americana. Antaño villa de pastores y agricultores, este municipio nació como poblado céltico y sobre él fundaron los romanos Turgalium. Ahora, entre sus callejuelas y plazoletas reverbera el eco de un pasado esplendoroso. A disfrutarlo. Una estatua ecuestre del conquistador del Perú, en bronce y de 6.500 kilos de peso (con réplica en Lima), preside omnipresente la impresionante Plaza Mayor, del siglo XVI, rodeada de palacios, céntrica y repleta de coches. Desde aquí debe partir nuestro recorrido por todo el casco histórico de Trujillo, cuyo conjunto monumental se articula en torno a esta plaza, vital y colorista. Pegada a ella emerge la iglesia de San Martín, de estilo gótico-renacentista, primer golpe de efecto para la vista. Pese a que ofrece un sobrio aspecto exterior, el templo encierra entre sus muros de sillería verdaderos tesoros, como una nave con bóveda de crucería estrellada y un órgano barroco del siglo XVIII. En su atrio rezaron monarcas ilustres como Carlos V y Felipe II. Frente a la iglesia, el palacio de los duques de San Carlos (siglo XVI) contiene elementos platerescos y galería porticada. Destaca por su balcón de esquina y sus graciosas chimeneas. Es sólo un aperitivo de lo que está por llegar. Camino abajo, junto a la calle Carnicería, se alza el palacio del marqués de la Conquista, del siglo XVI, mandado construir por Hernando Pizarro (hermano de Francisco) tras la conquista de Perú. Luce un extraordinario escudo de armas que concedió el emperador Carlos V al conquistador del país andino. Mientras, en la otra esquina de la Plaza Mayor descubrimos el palacio de Piedras Albas (siglo XVI), que cuenta con una galería porticada de influencia florentina y crestería gótica; y entre la plaza y la puerta de San Andrés sobresale, majestuoso, otra maravilla arquitectónica: el palacio de Juan Pizarro de Orellana, que fue primer corregidor de Cuzco, de patio plateresco y galería adintelada con baluarte. La sucesión de tanta belleza artística no amaina en Trujillo. Tras un alto en el camino para tomar aire, proseguimos nuestro itinerario hasta dar con el frente norte de la plaza, donde podremos observar cómo se concentran varias construcciones de carácter popular y, en especial, la Casa de la Cadena, antiguo palacio de los Chaves-Orellana. A esta residencia pertenecía originalmente la Torre del Alfiler, que fue una de las torres de esta casa-fortaleza en la que destaca el escudo cerámico de la familia. Las impresiones que nos quedan, por el momento, no pueden ser más satisfactorias. Cerrando el casco antiguo llegamos a la almenada muralla árabe, que ostenta 17 torres y se abría por siete puertas fortificadas, de las que sólo se conservan cuatro (San Andrés, Santiago, Triunfo y Coria) Cerca, en la plaza de San Miguel, merece la pena acercarse hasta el palacio de Sofraga, con un balcón esquinado, clasicista, sostenido por ménsulas y adornado por columnas corintias. Junto a la puerta de San Andrés se localiza otra de las casas fuertes que formaban parte del conjunto defensivo de la villa. Se trata de la Casa de los Escobar, de finales del siglo XV. Desde aquí, la calle se empina cuesta arriba hasta que podemos llegar a divisar un alcázar que se abre en torno a una recoleta plaza, la de los Bejaranos, uno de los linajes más antiguos y poderosos de Trujillo, identificable por sus dos altos torreones y el león rampante de su escudo. Imponente castillo de granito Tras regresar a la Plaza Mayor para dirigirnos a lo alto de la ciudad cacereña, el camino nos conduce irremediablemente hasta la iglesia de la Sangre, de estilo neoclásico del XVII, edificada gracias al dinero del inquisidor de Granada y Córdoba, Gabriel Pizarro de Hinojosa, para asegurarse su tumba. Toca coger fuerzas de nuevo y seguir disfrutando de la aventura, ya que, una vez alcanzado el cerro granítico del Zorro, se alza, imponente, el magnífico Castillo, del siglo X, con importantes elementos de la época califal, flanqueados por ocho torres. Su estratégica posición parece vigilar una ciudad salpicada de palacios. Desde aquí, oteando el horizonte, ya se avista el vuelo de los primeros buitres y otras rapaces. Pero lo mejor está por venir, porque aún no hemos llegado a Monfragüe. De bajada de la fortaleza trujillana, mediante un camino más llevadero después del agotador esfuerzo, nuestras ínfulas viajeras se detienen delante de la Casa de Francisco Pizarro (siglo XV), caserón natal del fundador de Lima convertido en museo, con estancias que reflejan el encuentro y el mestizaje de las dos culturas. Sucesivamente, en los aledaños, nos topamos con el palacio Lorenzana (siglo XV), actual sede de la Real Academia de Extremadura, y con la impresionante iglesia de Santa María la Mayor (de estilo románico-gótico-renacentista) que, dotada en su interior de un espléndido retablo mayor realizado por Fernando Gallego en 1480. Su estudio merecería un reportaje aparte. Se trata, sin duda, de una verdadera delicia para la vista que se complementa con una hermosa tribuna del coro y unas esbeltas bóvedas. Grandes personajes tienen panteones en su interior, como el cardenal Gonzalo Gaete y Diego García de Paredes, apodado el Hércules extremeño, que participó en la toma de Granada y en la conquista de Nápoles. En el templo más antiguo de Trujillo, construido según algunas fuentes sobre una mezquita, el maestro cantero que dirigió las obras de restauración dejó su particular impronta en forma de escudo del Athletic de Bilbao en lo alto de la torre. Seguimos, sin desfallecer. En las inmediaciones de la plaza de Aragón, la Casa Orellana, donde nació el descubridor del río Amazonas, la Casa Chaves (siglo XVI) y la Casa Hinojosa rodean la exquisita aljaba árabe, antiguo depósito de agua de 11 metros de profundidad (siglo X), que sirvió de baño público hasta 1935. Junto a este edificio se encuentra el Ayuntamiento Viejo, sede actual del Palacio de Justicia. Precisamente, en el palacio de los Chaves se alojaron los Reyes Católicos cuando Fernando heredó la Corona de Aragón. Tampoco debemos perder de vista el alcázar de los Altamirano (siglo XIII), obra de Fernán Ruiz, conserva una portada del siglo XVI con el escudo de esta familia flanqueado por dos torres desmochadas. En el cercano barrio de Santa Clara, otro hermoso lugar que nos despierta la curiosidad es la casa palacio de los Quiroga. Su ventana de esquina está considerada como el primer precedente de este tipo de elemento constructivo. El recorrido ya va tocando a su fin. Pero antes, otros edificios religiosos concentrados en la parte vieja de Trujillo intentan llamar nuestro interés: son San Francisco el Real, Santo Domingo, San Antonio, Dominicas de la Encarnación o el de la Merced (habitado un tiempo por Tirso de Molina) También perduran los conventos de monjas Jerónimas de Santa María y la Magdalena (siglo XV), el de las Dominicas de San Miguel o el de San Francisco, en cuya cripta tienen su sepulcro Hernando Pizarro y su mujer y sobrina, doña Francisca Pizarro Yupanqui Huaylas. Un parador sobre un monasterio Después de una jornada exhausta, llega el momento de relajarse y buscar cómodo lecho. De camino al Parador Nacional de Trujillo, se pasa al lado de un convento, el de San Pedro, fácilmente identificable por encontrarse junto al contrafuerte volado que se alza para flanquear el paso de los peatones. El parador local es el mejor centro de operaciones posible para prolongar, por tierras extremeñas, la ruta de los conquistadores con la calma que requiere nuestro placentero viaje. Sosiego que se halla en todos los rincones del que fuera Monasterio de Santa Clara, de recios muros y amplios salones, construido en el siglo XVI. Sus antiguas celdas han dado paso a habitaciones nobles y modernas en las que priman la madera y los tonos cálidos. Llega la noche, y el apetito nos llama. Nada mejor que saciar el hambre en el restaurante del parador con platos como la sopa de tomate al comino, embutidos ibéricos o solomillo de ternera retinta a la parrilla con torta del Casar. Junto a la casa natal de Pizarro, otros museos de obligada visita para cualquiera que se precie de visitar Trujillo son los no menos didácticos Museo del Traje de Enrique Elías, el de la Coria (Fundación Xavier de Salas) o, como aperitivo gastronómico, el dedicado al queso y al vino. No hay momento para el aburrimiento. Durante el primer fin de semana de mayo, Trujillo celebra su tradicional y prestigiosa Feria Internacional del Queso con una amplia participación de países de Latinoamérica, donde los conquistadores llevaron su más preciado manjar: el producto extremeño por excelencia. La Plaza Mayor, por su parte, acoge el domingo de Resurrección una de las celebraciones más alegres de toda la región: la popular fiesta de El Chírivi, declarada de Interés Turístico Regional. Pero 2011 llega a Trujillo con la conmemoración del que será el V Centenario del nacimiento de otro ilustre vecino de la localidad, Francisco de Orellana, descubridor del Amazonas (1511-1546) Trujillo pretende convertirse en un gran escenario donde se aborden aspectos cruciales como el cambio climático, la degradación del medio ambiente, la deforestación de la mayor reserva ecológica del planeta, la biodiversidad o la relevancia de las culturas indígenas del Amazonas. El Año Orellana, como referente cultural, debe aspirar a convertir a Trujillo en el lugar idóneo por excelencia de Extremadura. La celebración de Trujillo 2011 multiplicará el interés de la región como destino turístico y ya ha provocado un aluvión de inversiones. Personajes ilustres del municipio, amén de los Pizarro y Orellana, fueron coetáneos de su época Francisco de las Casas, soldado leal de Hernán Cortés (otro extremeño, de Medellín) partícipe en la conquista de México y fundador de Trujillo en Honduras, Luis de Añasco, quien dio vida a la ciudad de mismo apellido en Puerto Rico, o Lucas Martínez Vagazo, comendador y alcalde de Arequipa, en Perú. |
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Reportaje publicado en nuestra edición número 16, de mayo 2010. http://www.los32rumbos.com Todos los derechos reservados. |
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